En Salta, aventura, ecoturismo y ricas empanadas

Le dicen “La linda”, y lo es. De hecho, es tan linda, que cada año recibe más de un millón y medio de turistas de distintas partes del mundo. Muchos de ellos (para ser más precisos, el 40%) son visitantes que, enamorados del destino, deciden volver. Por eso, para los que ya conocen el circuito turístico clásico, Salta ofrece un abanico de lugares y actividades para redescubrir los paisajes desde adentro, en los rincones escondidos en los alrededores de la ciudad.

A sólo 22 kilómetros al norte de Salta capital, sobre la Ruta Nacional 9, se encuentra La Caldera, cuya capilla jesuita de fines del 1500 y la escultura de 26 metros de alto del Cristo Penitente son los imperdibles. La zona en la que se encuentra, en medio de la selva montana, es ideal para hacer senderismo o recorrer en bicicleta con tours que brindan diversas empresas privadas o alquilando una bici en la oficina de turismo local, a $ 15 la hora. En materia de toures organizados, las propuestas abarcan desde circuitos cortos de dos kilómetros por el pueblo, hasta salidas de 40 kilómetros por caminos de cornisa que atraviesan la selva.

Uno de los recorridos nos lleva al dique Campo Alegre, otro gran punto de interés ubicado a cuatro kilómetros de La Caldera, donde los más aventureros aprovechan la quietud del agua para incursionar en la navegación y dar paseos en kayak. El lago artificial, manso, rodeado de cerros y el suave viento que se siente al avanzar con la embarcación es un lugar especial para conectarse con la naturaleza y sentirse parte de ella. También es un punto recomendado para el avistaje de aves y pesca deportiva.

Pero después de tanta actividad física es necesario recargar energías. Y como se dice que “no visitaste Salta si no probaste sus empanadas”, la parada obligada es en Rancho Grande, un comedor a una cuadra y media de la plaza principal de La Caldera. Allí, Eulalia sirve unas pequeñas y muy sabrosas empanadas con el sello salteño: 18 repulgues y papa en su relleno. Tal vez su experiencia (prepara unas 10 docenas por día) hacen que sin dudas sean unas de las más recomendadas.

Verde San Lorenzo

Con las baterías recargadas y apuntando la brújula rumbo al oeste se deben recorrer 12 kilómetros desde Salta capital para alcanzar la villa veraniega San Lorenzo, ubicada dentro de la Quebrada que lleva el mismo nombre y atravesada por un estruendoso río que también lleva el mismo nombre. Aquí el verde es el principal protagonista y el turismo aventura su principal aliado. Aunque en el centro, los restaurantes y confiterías se convirtieron en otro encanto debido a la gastronomía de primer nivel que ofrecen.

Un tramo más largo, unos 50 kilómetros hacia el sur, y llegamos a Chicoana, que en lengua quechua significa “pedacito de cielo escondido”. En este pueblo, los gauchos le ganaron una batalla a la corona española y todavía hoy sus habitantes mantienen sus costumbres y tradiciones. Esto hace que Chicoana sea un lugar especial para realizar cabalgatas, con animales amansados con la técnica de doma india y guías, gauchos de pura cepa, que introducen al grupo por angostos caminos entre las altas plantaciones. Es que aquí la producción agropecuaria es la principal actividad y los cultivos de tabaco uno de los atractivos. La jornada termina con un buen asado.

Es así como sin perderse las luces de la ciudad de Salta es posible conocer lugares únicos alejándose sólo unos pocos kilómetros. Es así también como Salta resulta, en cada visita, tan sorprendente como la primera vez.

Fuente: Clarin

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